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Neuropatía periférica: reconociendo los síntomas tempranos

Giovana Femat Roldán 13 de marzo de 2025 padecimientos

Neuropatía periférica: reconociendo los síntomas tempranos

La neuropatía periférica se refiere al daño a los nervios que se encuentran fuera del cerebro y la médula espinal, por eso conocidos como nervios periféricos. Estos nervios son cruciales para transmitir información sensorial y motora entre el sistema nervioso central y el resto del cuerpo y cuando se dañan, pueden surgir una variedad de síntomas que afectan la calidad de vida. Identificar estos síntomas en sus primeras etapas es crucial para buscar atención médica y evitar complicaciones a largo plazo. 

Existen diversas razones por las cuales los nervios periféricos pueden dañarse. Una de las más frecuentes es la diabetes mellitus, porque los niveles elevados de glucosa en sangre provocan daño progresivo en los nervios. También puede ser a causa de deficiencias vitamínicas, especialmente B12, el abuso del alcohol, enfermedades autoinmunes y ciertos medicamentos, como los utilizados en la quimioterapia. 

Síntomas tempranos de la neuropatía periférica

Los primeros signos suelen ser sutiles y pueden confundirse con otras afecciones. Sin embargo, prestar atención a la evolución de estos síntomas iniciales puede ayudar a un diagnóstico oportuno. 

Uno de los primeros síntomas que puede aparecer es el dolor, que puede sentirse como una sensación punzante o ardorosa en las extremidades. En algunos casos, se intensifica durante la noche, interfiriendo con el descanso y provocando insomnio. También puede acompañarse de entumecimiento y hormigueo.

Posteriormente, las personas pueden presentar una disminución de la sensibilidad al tacto, lo que significa que la persona puede no notar pequeños cortes, quemaduras o presiones en la piel, aumentando el riesgo de lesiones sin darse cuenta. 

Otra manifestación frecuente es la sensación de alfileres y agujas, como punzadas en la piel sin causa aparente. Ocurre de manera espontánea pero persistente en la neuropatía periférica. Asimismo, el ardor en las extremidades genera una sensación incómoda en las extremidades, incluso se puede sentir como calor en ausencia de una fuente de calor real. A su vez, pueden presentarse cambios en la temperatura de la piel, por lo que detectan que los pies y las manos están más fríos o más calientes de lo normal. 

Muchas personas localizan estas alteraciones como si tuvieran calcetines o guantes apretados. Esta sensación suele progresar lentamente y comenzar desde los dedos y extenderse. 

Conforme avanza la neuropatía periférica, pueden presentarse cambios en la piel, como sequedad, enrojecimiento o adelgazamiento de la piel en las zonas afectadas. Estos cambios suelen estar relacionados con alteraciones en la circulación sanguínea y la función nerviosa. 

A la par de la disminución de la sensibilidad, comienzan con dificultad para caminar y alteraciones en la marcha. Algunos pacientes pueden notar que arrastran los pies o que tienen problemas para moverse con fluidez. Se puede presentar pérdida de coordinación, lo que puede hacer que las personas tropiecen con mayor frecuencia o tengan dificultades para realizar movimientos precisos. Aunado a la pérdida de equilibrio, que aumenta el riesgo de caídas, especialmente en adultos mayores. 

La debilidad muscular, específicamente, la debilidad en las extremidades son otros síntomas que pueden aparecer en las primeras fases. Esto se debe a que los nervios dañados no transmiten correctamente las señales a los músculos, lo que puede hacer que sea más difícil sostener objetos, subir escaleras o realizar actividades cotidianas. Algunas personas también experimentan calambres musculares, que pueden ser dolorosos e interferir con el sueño y la movilidad. 

Un aspecto menos conocido de la neuropatía periférica es su impacto en el sistema nervioso autónomo, que controla funciones involuntarias del cuerpo como la presión arterial, la digestión y la sudoración. Esto puede llevar a una sudoración excesiva, o en algunos casos, a una falta de sudoración en ciertas partes del cuerpo. También pueden presentarse síntomas como disfunción autonómica, que incluye problemas digestivos, mareos al ponerse de pie o cambios en la regulación de la temperatura corporal. En casos más avanzados, pueden desarrollarse alteraciones en la función de los órganos internos, afectando la digestión, el control de la vejiga e incluso la respuesta cardiovascular. 

Asimismo, algunas personas experimentan un aumento de la fatiga, lo que puede deberse a la combinación de dolor persistente, alteraciones del sueño por los síntomas de neuropatía y el esfuerzo adicional que requiere el cuerpo para compensar la debilidad y la falta de coordinación.

¿Cuándo acudir a un especialista?

Es fundamental buscar atención médica si se presentan síntomas persistentes como dolor, entumecimiento, hormigueo, debilidad muscular o cualquier otro de los mencionados anteriormente. Un neurólogo podrá realizar una evaluación completa, incluyendo estudios como electroneurografía o electromiografía, para determinar la causa del daño nervioso y establecer un plan de tratamiento adecuado. 

El diagnóstico temprano y un manejo oportuno pueden ayudar a reducir la progresión de la neuropatía periférica y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.