Hormigueo de pies y manos: Señales de neuropatía periférica
Giovana Femat Roldán 8 de abril de 2025 padecimientos

Nuestro sistema nervioso está formado por dos partes principales que trabajan en conjunto: el sistema nervioso central (SNC) el cual está compuesto por el cerebro y la médula espinal, y funciona como el centro de control del cuerpo, procesando la información y tomando decisiones; y el sistema nervioso periférico (SNP) que está formado por todos los nervios que salen del sistema nervioso central y se extienden por el resto del cuerpo. Estos nervios periféricos son esenciales, ya que permiten la comunicación entre el cerebro, los músculos, los órganos y la piel, haciendo posible el movimiento, la sensibilidad y funciones automáticas como la sudoración o la digestión.
Cuando estos nervios periféricos se dañan, se altera esa comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. A esto se le conoce como neuropatía periférica, una condición que puede provocar síntomas como dolor crónico, hormigueo, pérdida de sensibilidad o debilidad muscular. La mayoría de las ocasiones estas molestias comienzan en las zonas más alejadas del cuerpo, como los pies y las manos, aunque los síntomas pueden variar en intensidad y localización.
Impacto de la Neuropatía en la salud
La neuropatía periférica es un problema neurológico frecuente. Se estima que entre el 1% y el 7% de la población general la padece, y su frecuencia aumenta con la edad. En personas mayores de 50 años, puede llegar a afectar hasta al 10% o 15%, especialmente en quienes presentan factores de riesgo como la diabetes, deficiencias nutricionales o antecedentes de alcoholismo.
Esta condición afecta significativamente la realización de actividades de la vida diaria. Las personas afectadas pueden tener dificultades para caminar, mantener el equilibrio o realizar tareas finas con las manos. El riesgo de caídas o heridas inadvertidas, sobre todo en los pies, también se incrementa. Además, los síntomas pueden interferir con el sueño, generar fatiga y afectar el estado emocional. En casos más avanzados, las complicaciones pueden ser graves, incluyendo infecciones o úlceras, por lo tanto es muy importante detectarla a tiempo para poder recibir un tratamiento adecuado.
¿Por qué se produce?
La neuropatía periférica puede tener múltiples causas, algunas de las más frecuentes son:
- Diabetes:
Es la causa más común de neuropatía periférica. El exceso de glucosa en sangre daña los nervios y los vasos sanguíneos que los alimentan.
- Déficits nutricionales:
Especialmente la falta de vitaminas del complejo B, esenciales para la salud del sistema nervioso.
- Alcoholismo crónico:
Puede generar deficiencias nutricionales y daño directo a los nervios.
- Infecciones:
Como el VIH o la enfermedad de Lyme.
- Enfermedades autoinmunes:
Como el lupus o la artritis reumatoide.
- Exposición a toxinas o ciertos medicamentos:
Como la quimioterapia.
Para comprender cómo estas enfermedades dan origen a una neuropatía es importante conocer que nuestro sistema nervioso periférico está formado por distintos tipos de fibras nerviosas, y cada una cumple funciones específicas:
- Fibras nerviosas grandes encargadas de funciones como el movimiento muscular, la sensibilidad al tacto, la percepción de la vibración y la orientación del cuerpo en el espacio (propiocepción).
- Fibras nerviosas pequeñas están involucradas en la percepción del dolor, la temperatura y también en funciones automáticas del cuerpo, como la sudoración o el control de la presión arterial.

El daño a estas fibras puede deberse a distintas razones, por ejemplo una falta prolongada de oxígeno o nutrientes, la exposición a sustancias tóxicas, enfermedades metabólicas o procesos inflamatorios que alteran el funcionamiento del sistema nervioso. Estas alteraciones pueden afectar diferentes partes del nervio: el axón (que es como el “cable” principal por donde se transmite la señal nerviosa), la vaina de mielina (una capa que recubre y protege al axón para que la señal viaje rápido y de forma precisa), o incluso el cuerpo de la célula nerviosa. Cuando alguna de estas estructuras se lesiona, las señales entre el cerebro y el cuerpo se transmiten de forma incorrecta, más lenta o incluso se pierden por completo generando así una neuropatía periférica.
Ahora bien, una de las particularidades de la neuropatía periférica es que los síntomas suelen sentirse principalmente en los pies y las manos. Esto se debe a la longitud de los nervios. Los nervios que van desde la médula espinal hasta los pies son los más largos del cuerpo. Y mientras más largo es un nervio, más vulnerable es a sufrir daños, especialmente en enfermedades crónicas como la diabetes. Además, estas zonas están más alejadas del corazón, por lo que el flujo sanguíneo que llega a ellas puede ser menos eficiente. Esto significa que, si hay algún problema con la circulación o con el transporte de nutrientes y oxígeno, esas partes son las más afectadas.
¿Cómo identificarla?
Los síntomas de una neuropatía pueden variar según los nervios afectados, pero suelen aparecer de forma progresiva, principalmente en los pies o las manos:
Síntomas sensoriales (relacionados con la sensibilidad):
- Hormigueo o “alfileres y agujas”, especialmente en los dedos de los pies o las manos.
- Entumecimiento, que puede hacer difícil sentir el calor, el frío o el dolor.
- Sensación de ardor o quemazón, sobre todo durante la noche.
- Dolor punzante o calambres eléctricos.
- Mayor sensibilidad al tacto, incluso al roce de la ropa o las sábanas.
Síntomas motores (relacionados con el movimiento)
- Debilidad muscular, especialmente en piernas, brazos, pies o manos.
- Dificultad para levantar los pies al caminar (lo que puede hacer tropezar con facilidad).
- Pérdida de coordinación o torpeza al realizar movimientos finos, como abotonarse una camisa.
La neuropatía periférica puede afectar significativamente la calidad de vida, especialmente cuando compromete funciones tan esenciales como el movimiento, la sensibilidad o el equilibrio. Comprender por qué los pies y las manos suelen ser las zonas más afectadas permite estar alerta ante los primeros síntomas y buscar atención médica de manera temprana. Un diagnóstico oportuno es clave para identificar la causa y aplicar un tratamiento adecuado que ayude a controlar la progresión del daño nervioso.
Además del tratamiento médico, existen opciones terapéuticas complementarias como la terapia de rehabilitación física y la terapia ocupacional, que pueden mejorar la movilidad, aliviar molestias y prevenir complicaciones. Actuar a tiempo marca una gran diferencia en el bienestar físico y emocional de la persona, por lo que es fundamental no ignorar los signos iniciales y acudir con un profesional de salud ante cualquier síntoma.
